miércoles, 8 de noviembre de 2017

Toda la muerte por delante


Bruno estaba charlatán. Quizá más de la cuenta. Decía llevar un tren de muerte al alcance de muy pocos, y no paraba de alardear. “Morir para ver”, repetía con alborozo cada dos por tres. Arena soportaba ese día su presencia. Y aunque paciente, acabó cansándose:
- “Te lo ruego, Bruno. Deja de contarme tu muerte”.
- “Venga, bah. A morir que son dos días”.
- “Me vivo de risa al escucharte”, replicó Arena, con enfado, tratando de cerrar la estupidez. “Llevas más de dos horas dando la tabarra. Calla de una vez”.
- “Huy. Me has dado un susto de vida”, insistió él, entre risas, forzando de nuevo la tontería”.
- “Mira, pesao. Seguro que tienes mucha muerte interior, y puede que tu proyecto mortal sea la repanocha. Es más, no dudo de que en tu otra muerte fuiste, según dices, faraón en el Antiguo Egipto. Pero de verdad, créeme, resultas cargante tirando a insoportable”.

Por primera vez en toda la tarde, Bruno cambió el semblante. Se dio cuenta de que Arena no estaba de broma:
- “Perdóname, Arena. Soy un imbécil. Cuando llegaste aquí, me comentaste que eras de Guanajuato, y que en aquella hermosa ciudad, como en el conjunto de México, el Día de Muertos adquiere una especial relevancia. De ahí mi actitud. Me he comportado como un nervioso adolescente que, ante su primera cita, aspira a impresionar a la chica de la que se ha enamorado”.
- “Ay, Bruno, Bruno. Que te hablara con entusiasmo de esa celebración no implica que haya que excederse. Y que seamos zombis no nos obliga a ser cansinos”.

Arena se frenó. Guardó silencio unos segundos, como queriendo atemperar su bronca. Enfrente se encontró a un Bruno cabizbajo repleto de arrepentimiento, y Arena no quiso cebarse:
- “Venga, venga. Te perdono. Visto lo visto, será la última vez que te hable de alguna festividad. Pasemos página. Buena gana de andar rezongando más de la cuenta. Al fin y al cabo, tenemos toda la muerte por delante”, sonrió con complicidad, estrechándole su mano con ternura.

@osanchezalonso